La forma de trabajar está cambiando y los freelancers son prueba de esto. Cada vez hay más personas que deciden trabajar por su cuenta, tener sus propios clientes y manejar sus tiempos. Con los beneficios y retos que eso implica

Este cambio es lógico y no debería tomar a nadie por sorpresa. El trabajo, como lo concebíamos hace algunos años, es un paradigma resultante de la revolución industrial. No es casualidad que los turnos laborales sean de 8 horas, tres turnos para mantener una fábrica trabajando todo el día. Sin embargo, y desde hace ya un tiempo, este formato estructurado por horas no es necesario, no hace que la empresa funcione mejor, no genera más ingresos y no hace más feliz a las personas. Es, simplemente, un paradigma.

Y si bien gran cantidad de empresas están ajustando sus políticas de trabajo, incorporando “home office” algunos días o hasta eliminando horarios para trabajar por objetivos, son cambios lentos y que en su mayoría no tocan las problemáticas más profundas.

No deberían extrañarnos los resultados de este estudio titulado “Freelancing in America: 2017”. En donde concluyen que el 50% de la fuerza laboral de E.E.U.U son freelancers y que se espera que para el 2027 sean la mayoría. Porque, aceptémoslo, casi nadie quiere (auténticamente) pasar 8 horas sentado en una silla, independientemente de si tiene trabajo que hacer o no.

Sin embargo, son otros datos los que me llaman la atención:

La tecnología avanza cada vez más rápido, la mayoría de los empleos que existen hoy no van a existir en los próximos 5, 10 o 20 años. Y pareciera que los freelancers, quizás por su misma naturaleza independiente, son los que están tomando cartas en el asunto.

Otro punto que me parece interesante mencionar es el siguiente:

Elegir. Tres de las primeras cuatro razones para ser freelancer tienen que ver con poder elegir. Y es que cualquier persona que haya trabajado en una empresa sabe que, aunque se aprenden muchas cosas, no tienes la libertad para elegir hacer las cosas que te motivan, que te hacen crecer o con las que te identificas. Mucho menos elegir el lugar donde estás y las personas que te rodean. Y ese sentimiento, me atrevo a decir, es casi universal. Las personas quieren realizar trabajos con libertad, con contenido, con impacto, con identificación.

Así que vuelvo al principio. La forma de trabajar está cambiando, sí. Pero no solo la forma. También está cambiando el para qué. ¿Para qué trabajo? ¿Por qué hago lo que hago? Y es que, como dijo Máximo Gorki, “cuando el trabajo es un placer, la vida es bella”, aunque estoy totalmente de acuerdo, yo agregaría: y cuando el trabajo tiene significado, la vida es extraordinaria.